7 actitudes del Mindfulness

Piedras 2

Deniz Altindas – Unsplash

Acabo de realizar un taller de introducción al Mindfulness con un grupo estupendo. Un día intenso, en un sitio precioso  y con aprendizajes para todas. En un momento dado, planteamos las actitudes necesarias para la práctica. Es interesante observar cómo estas mismas actitudes se desarrollan en el tiempo como resultado también de la propia práctica. Las actitudes de acuerdo a la propuesta que hace Jon Kabat-Zinn son las que puedes leer a continuación. Mindfulness es la práctica de la atención plena, sin juzgar.

 1.- Aceptación

Supone reconocer que las cosas son tal y como son y al verlas de este modo, implícitamente ya es algo bastante sanador y transformador. Con la aceptación uno  sabe donde está, donde posicionarse. Cuando no sabes donde estás es muy difícil dar el primer paso. En casos de pacientes crónicos, con dolor, muchas veces buscan el origen de ese dolor y si no lo encuentran, resulta muy difícil aceptar lo que  les está pasando, aceptar ese dolor. Precisamente, antes de empezar a trabajar con el dolor crónico, hay que partir de la aceptación,  ya que a partir de esta actitud, es como si pusieras una alfombrilla nueva en tu vida, es cuando se abre una nueva puerta. Éste es un factor muy poderoso, es una actitud muy poderosa para el mindfulness.

2.- No juzgar

Es el desafío real. Tenemos ideas y pensamientos sobre todo : me gusta, no me gusta, lo quiero, no lo quiero, es bueno o malo…es como un río continuo de pensamientos. Cuando hablamos de conciencia plena sin juzgar, no quiere decir que no haya juicio, sino que  supone hacerse conscientes de cómo llegamos a emitir juicios por prácticamente todo. Se trata de poder ver la realidad tal y como es, sin vincularnos con ella. Es un grado muy fino de discernimiento, de claridad, sabiduría,  de comprender las interconexiones que hay entre las cosas y al mismo tiempo notar la tendencia a  juzgar que tenemos de una forma bastante rápida. Esto crea una especie de velo o filtro delante de nuestros ojos que no nos permite ver las cosas tal y como son, como si viéramos a través de las gafas que llevamos puestas de nuestras opiniones, ideas, gustos. Con el paso del tiempo, días, semanas, meses, años, podemos comenzar a encontrar un modo de navegar a través de nuestros juicios de una manera que no llegue a dominar nuestras vidas de la forma que venía haciéndolo. Y  lo reconocemos cuando vuelve a aparecer porque es, de algún modo, tóxico. Y cuanto más lo desafiemos y más permanezcamos en el discernimiento y la conciencia pura, más auténticamente podremos vivir en el momento presente sin vernos atrapados por los hábitos de nuestra mente, insanos si quieres verlo así, en el caso de que tengas esos hábitos mentales.

3.- Paciencia

Muchas veces nos encontramos impacientes sobre lo próximo que va a ocurrir, de forma que pierdo el momento presente. Cultivar la paciencia es un tipo de reconocimiento de que las cosas ocurren como tienen que ocurrir. En un sentido profundo, no se puede meter prisa a las cosas. Cuando nos metemos prisa para estar en un lugar distinto al que estamos actualmente, el resultado es que nunca estamos donde nos encontramos realmente, lo que causa una tremenda tristeza y una tremenda pérdida. Algunas veces nos impacientamos con otras personas, en el trabajo, a la hora de tener las cosas hechas. Esta sabiduría de la paciencia es algo que es también profundamente sanador y regenerador. Las cosas ocurren en el momento que tienen que ocurrir y no podemos forzarlas. De la misma forma que cuando los niños están impacientes por ver salir la mariposa de la crisálida y no pueden acelerar el proceso porque todo ocurre cuando tiene que ocurrir. Si aprendemos a ser pacientes con nosotros mismos, entonces es cuando habitamos el momento presente, ganamos en una gran comodidad y una gran profundidad y nos sentimos más cómodos. Ganamos en aceptación y sabiduría.

4.- Mente de Principiante

Ésta es una encantadora forma de traer la mente al momento presente. Este momento es siempre fresco, nuevo, nunca hemos estado ahí antes. Tenemos tantas ideas, actitudes, deseos, en cada momento, que la mayoría de las veces no nos permitimos ver las cosas como si fueran la primera vez. Si tienes hijos, piensa en traer conciencia sobre vuestros hijos con mente de principiante, de forma que les  observes no a través de tus gafas condicionadas con tus opiniones, juicios, gustos sobre tus niños, sino de una forma fresca, nueva, el milagro que son, la asombrosa naturaleza que hay en ellos. Somos expertos en que nuestra mente esté llena de habilidades pero nos deja sin terreno para lo nuevo. La mente experta dice que solo hay unas cuantas posibilidades, pero en la del principiante hay posibilidades infinitas porque llegamos de nuevas. Esto permite no quedarse tan atascado en nuestras ideas y opiniones sobre cuánto nos gusta esto o no nos gusta, o cual es el beneficio de una situación en particular. Cuando lo haces presente con otras personas y creas un espacio con ellos en el que no haces referencia ni al pasado ni al futuro, se sienten mirados, reconocidos y encontrados del modo que aporta esta sabiduría, que les beneficia a ellos y a ti también.

5.- Confianza

La mejor forma de empezar es por nosotros mismos y por nuestro cuerpo. Podemos en realidad llegar a confiar en la sabiduría natural de nuestro cuerpo. De que forma tan bonita nuestro cuerpo apoya nuestra vida y como muchas veces lo damos por supuesto, hasta que algo ocurre. Nos podemos dar cuenta de qué forma la respiración cuida de si misma, porque si tuviéramos que ocuparnos de la respiración, ya hubiéramos muerto. Confiamos en que la respiración entra a nuestros pulmones y sale, confiamos en que inspiramos y expiramos, en que los oídos oyen, los ojos  ven, los órganos cuidan del metabolismo, de la biología…Esta sabiduría del cuerpo puede recordarnos de que ya somos personas con confianza. Cuanto más seamos capaces de aprender a traer confianza  a nosotros mismos, más seremos capaces de aprender a poner confianza en nuestras relaciones, en otras personas, en la naturaleza.

6.- Sin esfuerzo

Dejar que las cosas ocurran sin tener que realizar nada, sin influir, sólo fluir. Es algo que nos cuesta a los occidentales cuando meditamos sobre el momento presente, sobre lo que la vida te va trayendo, sin una agenda. Esto es tremendamente sanador, porque tenemos tantas agendas, que siempre nos estamos situando en algún lugar mejor en el futuro, tratando de escapar de algo del pasado. Estar en un lugar sin esfuerzo, sin tener que hacer nada especial, donde sólo dejamos que las cosas ocurran de la manera que son es tremendamente sanador y te nutre.

7.- Dejar ir

Esta actitud nos recuerda que no es necesario involucrarnos o agarrarnos a lo que queremos apegarnos  o limpiar lo que queremos apartar, porque es inevitable que las cosas surjan en nuestra mente. Dejar ir implica dejar ser, permitir que las cosas sean tal y como son y no de una forma que pretendemos que sean cuando la realidad lo muestra tal y como son. Cuando haces lo posible para que se cumplan tus deseos y tienes apego a que ciertas cosas sean de un modo determinado, es doloroso. El dejar ir es la puerta a la libertad.

Si quieres iniciarte en la práctica del Mindfulness, te invito a realizar mi curso online y gratuito, y a conocer las próximas convocatorias presenciales.

 

 

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